Tecnología

Ética y robótica, la relación entre lo moral y lo tecnológico

En un mundo interconectado, la relación entre lo moral y lo tecnológico provoca opiniones dispares. Te contamos cuál es el hilo conductor entre la ética y la robótica.

Por Redacción España, el 29/09/2021

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Desde la antigüedad, los humanos han luchado por desarrollar sistemas que les ayuden a mejorar su calidad de vida. Lo hicieron los romanos, con su sistema de canalización del agua y lo ha hecho Reed Hastings, al fundar Netflix (por cierto, ¡gracias!).

Pese a ello, siempre ha existido un debate interno en relación al desarrollo de nuevas tecnologías. ¿Son realmente útiles? ¿Van a ocupar mi puesto de trabajo? ¿Podrían las máquinas liderar el mundo? Todas estas preguntas (algunas de respuesta abierta) ponen el foco de atención en la relación entre la ética y la robótica, es decir, la simbiosis que existe entre lo moral y lo tecnológico. Abrimos debate.

Ética

El origen etimológico de la palabra ética deriva del griego êthos, lo que en un principio significó estancia o permanencia. Sin embargo, Aristóteles, afinó el término dándole otro sentido: “modo de ser” / “carácter”.

Pero… ¿qué es realmente la ética? Nos encontramos ante una vertiente de la filosofía que se encarga de estudiar la relación entre el bien y el mal en los seres humanos. Por tanto, presenta argumentos para comprender la conducta moral.

Esta rama científica se relaciona con valores humanos, entendiendo como valores: responsabilidad, honestidad, respeto, compromiso, etcétera. Todo con el objetivo de crear una sociedad justa y lo más sana posible.

En cierto modo, la ética promueve un mensaje claro: cumplir unas normas establecidas en una comunidad. Un aspecto que garantiza el bienestar, la convivencia, el respeto y la tolerancia.

Robótica

En un principio, la robótica fue pensada como un método de construcción de máquinas y aparatos tecnológicos destinados a facilitar las tareas humanas, es decir, aquellas operaciones o trabajos industriales de mayor carga física.

Y así ha sido. Lo que antes era responsabilidad de un ser humano, hoy puede ser llevado a cabo por un robot. Un claro ejemplo es un lavavajillas. Sí, aunque parezca una obviedad, lavar los platos a mano supone una carga extra de trabajo y tiempo que, mediante este sistema no es necesario invertir.

Aunque, con el tiempo, además de esas tareas arduas, las máquinas también han sido diseñadas para entretener y participar en su vida diaria. Hablamos de dispositivos como altavoces inteligentes o coches autónomos.

A lo largo de la historia, han surgido debates en torno a la relación entre la ética y la robótica. Isaac Asimov, el escritor de ciencia ficción, fue pionero en este sentido, dando a entender con sus tres leyes sobre la robótica, un conjunto de normas que se aplicarían a los robots en sus obras.

Estas tres leyes universales surgieron por primera vez en su relato Círculo vicioso (Runaround), publicado en 1942 y establece las siguientes premisas en relación a lo que un robot debería y no debería hacer:

Primera Ley

Los robots no podrán hacer daño a los seres humanos.

Segunda Ley

Los robots cumplirán las órdenes de los seres humanos. A no ser que estas entren en conflicto con la primera ley, es decir, el desencadenante sea herir a otro ser humano.

Tercera Ley

Los robots protegerán su propia existencia, siempre y cuando no entre en conflicto con la primera y segunda ley.

Ley Cero

A estas tres leyes se une una cuarta que admite que los robots no podrán dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.

Estas tres leyes, junto con la Ley Cero se han instaurado en cientos de libros, películas, revistas y otros muchos medios. Además, sirvieron para generar un debate sobre el pensamiento de la ética y la Inteligencia Artificial.

Principios éticos de la Inteligencia Artificial

Dado el creciente uso de la tecnología, la Comisión Europea tuvo que plantear una serie de principios éticos para garantizar el adecuado desarrollo de la Inteligencia Artificial en relación con los seres humanos:

  • Supervisión: debe estar controlada por los seres humanos y deben existir una serie de medidas de contingencia para solventar cualquier situación fuera de lo común que pueda producirse.
  • Desarrollo de sistemas bajo los enclaves de resiliencia y resistencia. ¿Los motivos? Los posibles intentos de manipulación, pirateo o robo de información sensible.
  • Garantía de seguridad. Los datos son la fuente de información del siglo XXI. Vivimos en una era digital y, por este motivo, se debe promover la privacidad de los datos de los usuarios.
  • Diversidad social. La Inteligencia Artificial debe tener en cuenta la diversidad social para que no existan sesgos discriminatorios (directos o indirectos) por cuestiones como: raza, género, orientación sexual, entre otros.
  • Debe ser sostenible y ecológicamente responsable, es decir, tener en cuenta el impacto ambiental.
  • Los resultados de la Inteligencia Artificial debe rendir cuentas ante auditores externos e internos.
  • Transparencia en todas las fases del proyecto de Inteligencia Artificial, tanto con sus responsables como con las personas con las que interactúa.

Roboética, ¿es posible?

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Pero… ¿ética y robótica pueden convivir en armonía? Como ocurrió con la revolución industrial, el nacimiento y aplicación de la Inteligencia Artificial afecta a cada persona de forma diferente. Por eso, es necesario equilibrar la balanza en términos legales y humanos.

Planteemos una situación. Un fabricante de refrescos que quiere aumentar la producción. Hace años, sin una máquina que permitiese desarrollar el trabajo en serie, precisaría de muchos empleados para lanzar al mercado X botellas de refresco.

Sin embargo, con la automatización, podría lanzar X en un menor tiempo, lo que le permitiría abastecer a más consumidores, centrarse en el diseño de nuevos formatos de bebida, ahorrarse empleados en plantilla y, como es lógico, un considerable incremento de los beneficios económicos.

¿Es ético que se eliminen puestos de trabajo por las máquinas? Las empresas luchan por adaptarse rápidamente a un mundo en constante evolución. Si bien, esa evolución debe darse en armonía entre empleados y organización.

Invertir en formación y nuevos procesos es la forma de lidiar contra la desaparición de puestos de trabajo más tradicionales. Digamos que la reorganización permitiría un clima armónico entre empleados y máquinas.

De hecho, según se estima, en los próximos años se desarrollarán profesiones que aún no alcanzamos a imaginar y otros muchos puestos de trabajo irán desapareciendo progresivamente. Cajer@s, taxistas, camareros, teleoperadores, etcétera.

La irrupción de los robots y el incremento de la Inteligencia Artificial (IA) están cambiando el mundo y, como no, la forma de trabajar. Pero, como decimos, es posible la convivencia. Siempre y cuando se implante un sistema de comunicación y conocimiento de las nuevas tecnologías.

La recogida masiva de datos es otra de las vertientes a tratar en la relación entre lo moral y lo tecnológico. ¿El motivo? Los datos son el combustible de la era digital. Sin ellos no habría sido posible el desarrollo de la mayoría de sistemas automatizados.

Las redes sociales (RRSS) son un ejemplo claro de alimentación de las bases de datos de las empresas. Conocer al consumidor es el primer paso para adaptarse a su situación, ofrecerle lo que necesita y conseguir seducirlo.

Pero, ¿todas las empresas hacen uso responsable de los datos? A través de las políticas de protección de datos, todas las organizaciones deberían proteger la información sensible de cada usuario. Por tanto, la necesidad de un marco normativo/ético que rija la sociedad de la información ha sido clave.

Lo que está claro es que la robótica, la Inteligencia Artificial, el Big Data y otros muchos sistemas emergentes influyen en las relaciones económicas, sociales, políticas e incluso en las personales.

Aún existen muchas preguntas sin respuesta. Pero si de algo estamos seguros es que, los científicos de datos, los analistas y las personas que trabajan diariamente con la IA y el Big Data, solucionarán los problemas y promoverán el desarrollo de una sociedad tolerante y justa, que vaya de la mano de estos sistemas.

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